130 años con el bacilo de la tuberculosis

Hace 130 años, el 24 de marzo de 1882, Robert Koch presentaba sus trabajos en los que describía al bacilo Mycobacterium tuberculosis como el microorganismo causante de la tuberculosis en personas. Obtuvo las bacterias de pacientes con tuberculosis y consiguió que se multiplicaran en su laboratorio. Una vez aislado, lo inyectó en cobayas que posteriormente enfermaron de tuberculosis. Volvió a aislar esta bacteria de los animales enfermos y comprobó que era la misma que aisló inicialmente. Quedaba de esta manera demostrado que era la causante de la enfermedad.

A pesar de los avances en vacunas y antibióticos que ha habido desde entonces, la Organización Mundial de la Salud señala que  “la mayoría de los países todavía determina la infección con el mismo método que hace 130 años”. Y como es un método complicado, en muchas zonas del mundo no se extiende el diagnóstico a los familiares de un paciente recién diagnosticado. Así, el hecho de que un enfermo venga a contagiar cada año a unas 10 o 15 personas mantiene a la  tuberculosis como un problema de salud realmente serio con 8,8 millones de casos nuevos tan solo en 2010.

Hace 55 años, el panorama era más optimista y se llegó a pensar que se podría erradicar la tuberculosis. Se acababa de desarrollar la estreptomicina, el primer antibiótico con el que se podía curar esta enfermedad. Sin embargo, el bacilo ha ido evolucionando y actualmente ya existen cepas resistentes a los antibióticos. De ahí que siga siendo imprescindible seguir investigando para desarrollar nuevos antibióticos.

Gracias a iniciativas como el Fondo Mundial de lucha contra el SIDA, la Tuberculosis y la Malaria, el dinero invertido contra la tuberculosis ha aumentado entre dos y tres veces desde 2002. La mayor parte de la financiación se está utilizando para el diagnóstico y tratamiento de la tuberculosis sensible a los antibióticos, si bien los fondos para la tuberculosis multirresistente están aumentando y se espera que este año lleguen a los 600 millones de dólares. A pesar de eso, todavía queda por resolver cómo hacer que los nuevos fármacos lleguen a quienes los necesitan. Sobre todo cuando los más afectados son los países en vías de desarrollo y los beneficios que obtienen de las empresas farmacéuticas con el tratamiento de la tuberculosis son bastante reducidos.

Afortunadamente también hay buenas noticias:  el impacto de esta enfermedad se ha reducido hasta un 40% menos desde 1990. Gracias a que la tuberculosis se puede tratar mediante la administración de antibióticos durante seis meses, se calcula que entre 1995 y 2010 se curaron 46 millones de personas en todo el mundo. De hecho, el número absoluto de casos de tuberculosis ha venido disminuyendo desde 2006. Lamentablemente, no todos se han beneficiado por igual y el diagnóstico de este enfermedad en niños no se hace correctamente por lo que la OMS calcula que cada año mueren más de 70.000.

Como ejemplo de los grandes esfuerzos que se siguen haciendo en la lucha contra la tuberculosis, hoy en día hay diez vacunas experimentales en ensayos clínicos en fase I o II. Los datos preliminares parecen indicar que una o las dos vacunas que se hallan en ensayos de la fase II puedan pasar a la fase III dentro de dos o tres años. Cabe además la posibilidad de que en 2020 se autorice, por lo menos, una vacuna nueva.