Hablemos de sexos
Alfonso M. Corral | 28 de septiembre de 2009 | En PortadaEspero con este artículo no atraer demasiados lectores que quieran hablar de sexo (en singular) por que se trata de sexos (en plural). Y meramente desde un punto de vista biológico, por que es un tema del que sabemos muy poco. Hay vida más allá de los espermatozoides de los machos y los óvulos de las hembras.
Los percebes son un poco más complicados que eso ya que pueden elegir su sexo en función del de sus vecinos. Algo nada raro entre las gambas, ostras y algunos anfibios que van cambiando de sexo dependiendo del ciclo de vida o el ambiente. De hecho, muchas de estas especies van cambiando de sexo durante su vida casi del mismo modo en que nosotros cambiamos los tipos de ropa durante las estaciones.
Pero si nos fijamos en gusanos y caracoles, vemos que de dos sexos nada de nada: son hermafroditas. A pesar de ser a la vez machos y hembras, como decía mi profesor de parasitología, no les gusta montárselo solos. Por lo general, los dos implicados son fertilizados y fertilizan, aunque en algunas especies de platelmintos, por impedimentos físicos, uno actúa de macho y el otro de hembra.
Algo sencillo en comparación con el árbol de la papaya, del cual podemos encontrar ejemplares de tres sexos diferentes: macho, hembra o hermafrodita. Y no digamos si lo comparamos con los, más o menos, siete tipos de sexos que tienen los ciliados del género Tetrahymena. La verdad es que llegados a este punto deberíamos dejar de pensar en los sexos macho-hembra a los que estamos acostumbrados. Sobre todo teniendo en cuenta las ¡más de 28.000 distintas formas sexuales que podemos encontrar en el hongo Schizophyllum commune!

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