Premio Nobel de Fisiología o Medicina 2012

Cuando un óvulo y un espermatozoide se unen, el embrión empieza a dividir sus células hasta llegar a formar un ser vivo completo. Con su hígado, sus neuronas y sus huesos. Algo realmente complejo ya que a parte de dividirse, las células se tienen que ir diferenciando unas de otras. A pesar de tener la misma información genética, no se parecen en nada las unas a las otras. ¡Las células de nuestra piel son totalmente diferentes a las de nuestros músculos!

Durante muchos años los biólogos tuvieron muy claro que tan sólo las llamadas células troncales tenían la capacidad de elegir en qué se iban a convertir. Si eras una célula del bazo, al dividirte habría dos células del bazo, no había marcha atrás. No podían aparecer dos células de riñón…

Pero en 1962 John B. Gurdon hizo cambiar esta visión de la vida con un experimento. Extrajo el núcleo de una célula del intestino de un renacuajo y la introdujo en el huevo de una rana. Para sorpresa de todos, ese huevo se convirtió en un renacuajo y luego en una rana. Por primera vez se vio claro que las células que ya habían madurado y se habían convertido en algún tipo específico todavía contenían la información genética necesaria para diferenciarse en cualquier tipo celular. Con los años, la transferencia nuclear también se llevaría a cabo en mamíferos dando lugar, entre otros ejemplos, a la famosa oveja Dolly.

La mayoría de nosotros conocimos a Shinya Yamanaka más de cuarenta años después del experimento de Gurdon, cuando apareció en todos los medios de comunicación por haber sido capaz de encontrar unos genes determinados con los que reprogramar a una célula adulta y convertirla en su laboratorio en pluripotencial. Con tan solo cuatro genes fue capaz de convertir una célula de la piel en una célula troncal pluripotente que acabó dando lugar a un ratón.

Por estos descubrimientos, John B. Gurdon y Shinya Yamanaka acaban de recibir el Premio Nobel de Fisiología 2012.

Gracias a sus investigaciones, actualmente podemos obtener células de una persona con un tipo de enfermedad concreta y reprogramarlas en el laboratorio para obtener tantas como necesitemos para compararlas con las células sanas. Algo magnífico si queremos comprender cualquier enfermedad para tratar de curarla.