La realidad es una magnífica embustera

La ilusión de superioridad es un conocido sesgo cognitivo consistente básicamente en juzgarnos mejores que los demás (más listos, más habilidosos, con mejor memoria, etc. ). Una ilusión tan extendida (¿quien no piensa que su retoño es el más listo/rápido/bondadoso de su clase?), que llega incluso a quienes están en la cárcel por haber cometido algún delito.

Kingston Penitentiary
Kingston Penitentiary (Ontario, Canadá) (Foto: Larryfarr).

Tras entrevistar a un grupo de reclusos de una prisión del sur de Inglaterra, los psicólogos se sorprendieron al comprobar que consideraban que tenían mayores valores éticos y eran más generosos y bondadosos que la gente que no está en la cárcel. Eso sí, en el único aspecto de los preguntados en el que no se consideraban por encima del resto de la sociedad era en el de “cumplimiento de las leyes”. ¿Lógico, no?

Bueno, hasta cierto punto, porque según sus propias opiniones respetan la ley exactamente igual que el resto de ciudadanos. Claro que ¡más que el resto de sus compañeros de cárcel!

El psicólogo de la Universidad de Southampton Constantine Sedikides interpreta estos resultados como una necesidad por parte de cada uno de los delincuentes de verse de un modo positivo. Y para poder sentirse mejor que quienes le rodean, se consideran más obedientes con la ley que sus compañeros. Está claro que todos necesitamos sentirnos bien con nosotros mismos y que nos encanta que los demás nos valoren positivamente. Sobre todo si estamos en un ambiente tan negativo como el de una cárcel.

El problema de tenerse en tan alta estima, razona Sedikides, es que les puede llevar a pensar que cuando salgan, si se siguen comportando como hasta ahora, no van a volver a tener problemas con la policía. Un exceso de confianza que puede llevar al traste cualquier labor de reinserción social que se hubiera llevado a cabo. Y es que todos tenemos claro qué responderíamos a la pregunta de Eric Berger, ¿tienen los reclusos mayores valores éticos que tu?

Ten cuidado con la respuesta. Parece que la realidad es una magnífica embustera…

Referencias: