Coleccionistas

Ninguno de los niños que había en el arcón era Tomás y eso le dio ánimos para seguir buscando fuera, lejos de aquel macabro gabinete. Antonio y Braulio estarían preocupados esperándola entre la hojarasca del bosque. Necesitaba airearse y despejar su nariz de ese olor penetrante y dulzón que mareó al pobre Carlos nada más pisar las tablas de caoba.

Damián quiso acompañarla, pero subir hasta esa luz cetrina le pareció demasiado peligroso para un niño tan pequeño. Se acercaba a la salida y empezaba a oír los gritos de Eulogio. Pero no le entendía, su cabeza tenía otras preocupaciones. ¿Qué demonios es un entomólogo?

Alguien en el museo tiene sentido del humor.

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