¡Eh tú, bacteria! ¡Pásame un gen!

A las únicas personas a quienes yo puedo pasar alguno de mis genes es a mis hijos. Y lo mismo le pasa a todos los animales: sin óvulos o espermatozoides, nuestros genes se quedan dentro de nosotros.

Conjugación bacteriana
Dos bacterias conectadas a través de un pilus comparten su material genético.

Pero hay un tipo de seres vivos que son capaces de compartir genes como quien cambia cromos a la salida del colegio, las bacterias. Y no sólo con sus hijos, sino también con otras bacterias. El proceso, bautizado por los científicos como conjugación procariota, consiste más o menos en que una bacteria emite una especie de “jeringuilla” que introduce en otra bacteria. A través de ella pasa material genético libre que se encontraba en su citoplasma.

Aunque esto parezca una mera curiosidad, es el modo en que las bacterias se pasan unas a otras los genes que, entre otras cosas, les permiten utilizar distintas fuentes de energía o incluso llegar a ser resistentes a los antibióticos.

Si bien los animales compartimos nuestros genes tan solo con familiares, a través de este fenómeno, las bacterias son capaces de intercambiar genes con otras bacterias de especies distintas. De hecho, la toxicidad del brote de E.coli conocido como la crisis de los pepinos, se debió a que tenía el gen de una proteína proveniente de otra especie de bacteria diferente, la toxina Shiga de Shigella dysenteriae.