Entrevista con Josep Call

El primatólogo barcelonés Josep Call estudió en la Universitat Autònoma de Barcelona, donde dio clases en el curso 1990-1991. Doctorado en 1997 por la Emory University (Estados Unidos), trabajó en la Universidad de Liverpool hasta 1999, cuando empezó a investigar en el Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva cómo orangutanes, gorilas, bonobos y chimpancés se comunican y expresan ideas complejas. Es actualmente el director del Wolfgang Köhler Primate Research Center.

¿Se planteó su salida de España como algo temporal o como algo definitivo?

Ya casi ni me acuerdo, pero creo nunca tuve muchas esperanzas de volver. Aunque en cuestiones de movilidad académica he aprendido a no realizar predicciones pues ya me he llevado un par de sorpresas, agradables, por cierto.

¿Que le hizo plantearse su futuro profesional fuera de España?

No había especialistas en el campo en el que me quería formar e intenté aprender y trabajar con los mejores.

¿Se considera, científicamente, español?

Es una pregunta interesante que nunca me había planteado. Soy un científico español, pero científicamente tal vez no lo sea pues mis hábitos de trabajo son bastante diferentes a la mayoría de mis colegas españoles. Una de las cosas que aprendí enseguida en los Estados Unidos es que los científicos norteamericanos no son extraterrestres. Me explico. No son más listos que nosotros ni tienen un cerebro más grande. Pero tienen dos cosas muy importantes: un método de trabajo bien definido que da resultados y una ética profesional admirable. Si se me permite parafrasear a J. F. Kennedy en este contexto, un científico de influencia anglosajona (porque también incluyo a otros países como el Reino Unido), se pregunta a menudo lo que el/ella puede hacer por su departamento para mejorarlo en lugar de preguntarse lo que su departamento puede hacer por el/ella. No hace falta decir que en general (salvo muy contadas excepciones y en el campo que yo conozco: la psicología) esta no es la actitud que predomina en nuestras universidades

¿Mantiene algún tipo de contacto científico con España?

Si, claro. Principalmente con colegas de las facultades de psicología de la Universidad Complutense, la Universitat de les Illes Balears y la Universitat de Barcelona.

¿Cómo mejoraría la política científica española?

Se puede escribir un libro sobre este tema. En mi opinión, hay tantas cosas por hacer… En general, la ciencia es como la jardinería. Se necesitan buenas semillas y un buen sustrato. Sin dicha combinación el campo seguirá yermo. No hay duda que en los últimos años en España se ha progresado de forma muy notable. Se ha invertido mucho dinero en el desarrollo científico y en la formación de nuevos investigadores. Todo ello ha repercutido en la calidad de la investigación que se realiza en España. Existen centros de investigación en España que son punteros a nivel internacional y existen departamentos universitarios de reconocido prestigio mundial. Por ejemplo, el departamento de económicas de la Pompeu Fabra y también el departamento de Biología evolutiva de la misma universidad y seguro que hay otros pocos.

Sin embargo dicho progreso no nos debería hacer caer en la complacencia pues todavía falta mucho por hacer. Los ejemplos que he citado son excepciones dentro de un panorama que no invita al optimismo. La mayoría de facultades de Psicología en España, no existen en la esfera internacional. ¡Y alguien me podría decir que eso sería pedir demasiado! Todo lo contrario, como he dicho anteriormente los científicos norteamericanos no son extraterrestes. ¿Por qué sus facultades existen a nivel mundial y las nuestras no? Simplemente tienen un método que aplican e intentan mejorar sus instituciones a cada oportunidad que tienen.

¿Se podría importar esta política científica en España?

Si, los ejemplos que he citado anteriormente sugieren una respuesta afirmativa, pero a nivel general lo veo muy difícil, porque la mayoría de mis colegas en la universidad española están totalmente quemados con el sistema actual (en parte por los continuos cambios en los planes de estudios, ¡vaya desmadre!) y no creo que estuvieran por la labor de realizar un esfuerzo adicional para ayudar a la institución. En mi opinión, la Universidad ha entrado en un círculo vicioso del que es muy difícil salir. No es que mis colegas sean unos vagos a los que no les interesa trabajar. No es así. Cuando una cosa no funciona hay que analizar todos sus componentes y las interacciones entre estos. Como ya he dicho anteriormente, tanto las semillas como el sustrato tienen su importancia en este negocio y echarle la culpa únicamente a las semillas me parecería un serio error. Dicho de otro modo, si usted reemplazara a todos los individuos no productivos del sistema universitario con sujetos productivos a los cuales no se les ofrecen recursos para desarrollar su tarea investigadora, o no se les reconoce el merito de dar unas clases bien dadas que inspiren a las generaciones venideras, se volvería a caer en el mismo círculo vicioso de falta de productividad, desgana e invisibilidad en el ámbito internacional.

Y después de todo lo que he dicho, del sistema perverso que encontramos en la mayoría de facultades y la falta de ganas de algunos individuos, surgen mujeres y hombres que quedándose en España brillan con luz propia en el firmamento internacional. A esos individuos es a los que se tendría que prestar atención pues son el rayo de esperanza que podría hacer renacer a la Universidad española. Pero claro, dichos individuos necesitan ayuda desde las instituciones para con su ejemplo poder cambiar la situación en la que nos encontramos. Probablemente, ayuda que nunca recibirán…

Esta entrevista forma parte de la serie Españoles por el Mundo.