El inicio de la ornitología moderna

Además de ser conocido por haberse enfrentado al papado hasta lograr que le excomulgaran, Federico II de Hohenstaufen (1194-1250), rey de Sicilia, Chipre y Jerusalén, y emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, es nada menos que el primer ornitólogo moderno.

Conocido en su tiempo como stupor mundi por su carácter excéntrico y sus conocimientos, su curiosidad intelectual le llevó profundizar las ciencias naturales. En 1224 fundó la Universidad de Nápoles y sobre 1240 escribió el libro De Arte Venandi cum Avibus.

Federico II de Hohenstaufen

Federico II de Hohenstaufen.

Tremendísimo amante y conocedor de la cetrería, el tratado de Federico II incluía los conocimientos que durante más de treinta años había adquirido sobre las rapaces y el comportamiento natural del resto de aves, así como de su forma de alimentarse. Por ello es considerado el primer libro de ornitología.

Según destaca Janice M. Hughes en su libro The Migration of Birds, en De Arte Venandi cum Avibus encontramos mucha información sobre la migración de la aves. Resulta interesante descubrir que ya en el siglo XIII alguien se preocupara por cuándo, a dónde y porqué migraban las aves. Federico II atribuye los motivos tanto a las condiciones climatológicas adversas como a la falta de comida. Además, analiza estas razones con la suficiente profundidad como para indicar que las aves más tolerantes realizan viajes más cortos que aquellas que tienen preferencias alimenticias muy específicas a las que les cuesta más encontrar su alimento con la suficiente abundancia.

Al igual que hiciera Aristóteles, Federico II divide a las aves en tres grupos: terrestres, acuáticas y “neutras”. En el último grupo se incluyen especies como el pato que pasa tiempo tanto en la tierra como en el agua. Pero dio un paso más en la clasificación de las aves, adelantándose así al Renacimiento, y las clasificó en diferentes categorías según de qué se alimentaran y si cazaban o no a otros animales, como hacen las rapaces.

Pero su tratado no es tan solo un libro escolástico con multitud de criterios para clasificar las aves. Es también un libro científico basado sus propias observaciones y en los experimentos que hizo. Intentó comprobar si los huevos podían eclosionar solo con el calor del sol y, como haría cualquier ornitólogo hoy en día, tapó los ojos a unos buitres para descubrir si usaban el olfato para encontrar su comida.