¿Para qué tienes una cápside tan grande?

Alfonso M. Corral | 29 de January de 2009 | Investigación

Entre los virus también existen lo que se ha dado en llamar fósiles vivientes. Y el virus de la bursitis infecciosa es un claro ejemplo de ello. Las dimensiones de su cápsida le habrían permitido evolucionar hacia modelos virales más complejos, lo que le convierte, según los autores, en un eslabón perdido entre las diferentes familias de virus y en un valioso objeto de estudio de su evolución.

Virus bursitis infecciosaEn general, los virus están formados por un ácido nucleico envuelto en una cápsula de proteínas, la cápsida. Pero la cápsida no es un simple almacén, sino una estructura dinámica que sufre grandes modificaciones. Por ello, el equipo de José Ruiz Castón, del Centro Nacional de Biotecnología, decidió analizar esta parte en el virus de la burisitis infecciosa. Y se encontraron con que la cápsida era demasiado grande.

“Podría parecer un derroche natural sin precedentes a lo largo de la evolución biológica. Sin embargo, la investigación revela que este comportamiento permite al virus aumentar su capacidad infectiva, ya que una cápsida más grande permite al virus almacenar mayor cantidad de ácido nucleico infectivo”, apunta el autor de este nuevo estudio.

La cápsida de dimensiones insólitas que describen puede explicarse desde el punto de vista de la evolución de los virus: “Esta particularidad podría haber facilitado que el virus secuestrase información
genética de las células a las que infecta o de otros microorganismos, promoviendo de esta manera su evolución hacia modelos virales de mayor complejidad”, indica Castón.

La estrategia de multiplicación que sugieren los autores se suma a otras características del patógeno que convierte al virus de la bursitis infecciosa en un auténtico fósil molecular y, en muchos aspectos, en el “eslabón perdido” entre las distintas familias de virus.

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