Lazarus, cuando la sociedad civil se levanta para tomar las funciones del gobierno

Cuando hace unos meses saltó a la prensa la estupenda noticia de que gracias a las donaciones de particulares una investigadora del Instituto Príncipe Felipe de Valencia iba a poder seguir trabajando, he de reconocer que no me puse muy contento.

La resurrección de LázaroA pesar de echar de menos en España la tradición de donar dinero para la investigación científica, creo que la financiación de los experimentos debe venir de parte de los gobiernos. Ellos deberían ser los encargados de elegir las prioridades y de ayudar a los que sean mejores en sus campos.

Por muy buenas intenciones que tengamos los ciudadanos y por mucho dinero que podamos reunir, la ciencia requiere un tipo de control que siempre se nos va a escapar de nuestras habilidades. Y no me refiero a elegir el tipo de ciencia que hay que financiar. Me refiero a saber quienes son merecedores de las ayudas. Todos confiamos en la buena voluntad de los científicos y todos tenemos la tendencia de quedarnos embobados cuando nos hablan de las bondades de su ciencia. Y si no, que se lo digan a quienes compraron las pulseras Power Balance o siguen la dieta Dukan

Un caso del mismo estilo, aunque puede que no tan claro, es lo que acabo de leer sobre el Proyecto Lazarus. Unos investigadores en Valencia están ahora recaudando dinero para ensayar una nueva terapia en personas. Y dentro de su organización parece que hay cierta preocupación por que los ensayos anteriores no funcionaron en ratones. Claro que si antes era estupendo que la gente diera dinero, ¡a ver quien es el guapo que dice ahora que no se apoye esta iniciativa!

Cuando los gobiernos hacen dejación de sus funciones (en este caso, financiar las investigaciones) los ciudadanos podemos intentar suplirlo. Pero aunque podamos reunir los fondos necesarios para seguir haciendo ciencia, no contamos con los comités de expertos que nos digan si un proyecto merece la pena o no.