¿Quién juega a ser Dios?
Justin Quayle | 24 de mayo de 2010 | OpiniónEste fin de semana, a raíz de la noticia de la creación de la primera célula artificial, mi suegro me preguntó qué pensaba de los científicos que juegan (¿jugamos?) a ser Dios. Nunca me ha gustado esa frase. Primero por que no imito a Dios y segundo por que no considero que mi trabajo sea un juego.
De acuerdo con su opinión, eso de crear organismos a nuestro gusto está mal. Parece ser que Dios es el único que puede hacerlo y que la manía que tienen los científicos por imitarle sólo puede traer resultados negativos. Como mi trabajo es la generación de ratones con genes cambiados, alterados o eliminados para comprender la diabetes, enseguida la discusión pasó a un plano personal. Sin comerlo ni beberlo pasé a ser el maléfico imitador de un ser al que ni siquiera conozco.
En un intento de escurrir el bulto me puse a contarle el trabajo que hacían tanto mi padre como mi abuelo. A pesar de no vivir en la Alemania nazi, ni haber oído nunca hablar de la eugenesia, se dedicaban a elegir año tras año quien podía vivir y quien debía morir. Quien iba a tener descendencia y quien no se merecía tal honor.
Los dos eran ganaderos, una honorable profesión que surgió hace ya más de 8.000 años y contra la que nadie se ha opuesto. ¿Cuál es la diferencia?

2006-2012
dios no existe
Caben varias respuestas a esa sentencia de “jugar a ser Dios”. La que más me gusta es: “vale, pero nosotros luchamos por eliminar la malaria y tu Dios fue el que la creó”. Saludos.
Cierto, bien podría decirse que si cree que su dios existe, entonces tendrá que entender que hace falta corregirle la plana.
O como le dijo House a Wilson cuando lo acusó de sentirse dios: “No seas ridículo. Dios no cojea”.
Un Abrazo.