Un problema de bioética serio…

Hay un investigador que tiene una vacuna que funciona en animales. Esta misma mañana llega la madre de un niño enfermo y le pide que la use con su hijo. ¿Qué hacer?

Virus de la rabia

Virus causantes de la enfermedad vistos al microscopio electrónico.

Imagino que habría que preguntar al Comité de Ética del Hospital o de la Universidad. Pero eso lleva unos cuantos meses. Sabemos que no hay tratamiento y que al niño le quedan entre 3 y 7 semanas de vida. Además, que haya funcionado con los animales del laboratorio no indica que vaya a funcionar con el niño.

Pero la madre insiste. Su hijo tiene nueve años:

– ¡Salve usted a mi hijo!

Hacía tres años, todavía no tenían ningún resultado esperanzador. Pero un miembro de su grupo propuso que para poder detectar el virus causante de la enfermedad habría que hacer un pequeño agujero en el cráneo de los animales.

– Le haría un daño tremendo al pobre bicho, y además, le estropearía el cerebro, le dejaría usted paralítico. ¡No! ¡No puedo consentirlo!- les dijo a sus ayudantes.

Aprovechando que el investigador estaba en una reunión, dos miembros del laboratorio anestesiaron un animal y desobedecieron a su jefe. A partir de esos resultados llegaron a ser capaces de desarrollar una vacuna que curaba la enfermedad a los animales de su laboratorio. Los resultados son tan buenos que este mismo año escribía a un amigo suyo diciendo:

Tiene que suceder lo mismo con las personas, tiene, pero…

Ha quedado con la madre a las cinco de esta tarde. Antes quiere ir a hablar con dos médicos amigos suyos.

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Hoy es 6 de julio, pero no de 2011 sino de 1885. El investigador se llama Louis Pasteur y el niño Joseph Meister. La historia, que hoy no hubiera sido posible, todos sabemos como acaba.

Pasteur y Méchnikov con varios niños curados de la rabia.
Pasteur y Méchnikov con varios niños curados de la rabia.